Figo y la palangana de plástico

La semana pasada pasé por primera vez un día entero separado de mi novia y mi hijo. Confieso que me provocaba cierta emoción el pasar unas cuantas horas solo. Mentalmente hice planes sobre cómo aprovechar al máximo ese valioso tiempo a mi bola: lo mejor que encontré fue ver en Netflix el reportaje sobre el fichaje de Figo por el Madrid. En la vida hay que tener claras las prioridades. 

Qué bonitos son los días en los que se cierra el mercado de fichajes. El mercatto, como está de moda decir ahora. Los equipos triunfadores de la temporada anterior tratan de conservar a sus mejores jugadores y de renovar algún puesto renqueante. Los equipos que fallaron son los que suelen dar palos de ciego incorporando a varios jugadores semi-desconocidos, que ilusionen mínimamente a la afición y que den la sensación de que algo se está haciendo por arreglar los problemas del año anterior.

Algo parecido sucede cuando todavía no eres padre y se acerca la fecha del nacimiento. Quieres tenerlo todo bajo control y caes en la trampa de comprar artilugios de todo tipo. Todo parece esencial, imprescindible para asegurar la supervivencia de un recién nacido, desde el esterilizador hasta el sacaleches, pasando por el cambiador, la hamaquita y la mini-cuna de colecho. Toda una industria el sector del bebé, de eso ya hablaremos otro día. En fin, como ese equipo que el año anterior no ganó nada, los padres primerizos tendemos a comprar de más, tratando de cubrir posiciones por adelantado sin haber visto todavía jugar al equipo. 

Por ejemplo: mi novia y yo compramos una bañerita último modelo. De silicona, plegable, fácilmente guardable y transportable (y muchas otras cosas terminadas en -ble). Cerca de los doscientos pavos, la bañerita. Bañamos al niño al cuarto día de vida, y efectivamente, la bañerita cumplía perfectamente su función. La guardamos detrás de una puerta, y efectivamente, la bañerita se plegaba adecuadamente. La cambiamos de habitación, y efectivamente, la bañerita se transportaba cómodamente. 

¿Qué sucedió con la bañerita? Por cuestiones logísticas, pasamos los tres un fin de semana en casa de los padres de mi novia. La bañerita se quedó en casa, así que la madre de mi novia compró por cuatro euros una palangana. En los cuatro días que pasamos allí, bañamos a nuestro hijo perfectamente en aquella palangana comprada en un bazar chino. Por su reducido tamaño y peso, la palangana era muy fácil de guardar, de transportar y de limpiar. Nuestro hijo, no notó la diferencia. Es más, me atrevería a decir que lo disfrutó más. Se podría decir que fue el fichaje más rentable del verano, aquella palangana verde de plastico.

¿Cuál es la moraleja de todo esto? ¿Debería haber comprado una palangana desde un principio, en lugar de la bañerita último modelo? No nos engañemos, a toro pasado es fácil decirlo. Todos sabemos que Florentino no hubiera ganado aquellas elecciones si no hubiera engatusado al socio con el fichaje de Luis Filipe Madeira Caeiro. Nadie recuerda que costó 10.000 millones de pesetas, y que sus mejores años ya los había dado en el Barcelona. Qué más da. Figo no era la palangana, sino la bañerita.    

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