Epidemia de resbalones

Poco a poco va Johan Plat haciendo suyo al equipo. Rompe el dogma y discretamente introduce la defensa de cuatro. Apuesta por algunos jugadores (Jojic, Markanich) mientras va dejando de lado a otros que solían ser fijos con Dick (de Miguel, Willems). Cuatro jugadores en el once son fichajes llegados en el mercado invernal. 

Empezó tibio el Castellón, que en minuto 5, en un exceso de confianza de Escobar, regaló el balón al jugador más peligroso del Depor -Yeremay-, que batió de manera extraña a Crettaz. Lejos de verse afectado, tanto el jugador como el equipo siguieron a lo suyo, sacando el balón jugado ante un Deportivo que apretaba arriba pero dejaba huecos evidentes. Con cuatro pases bien dados se plantaba el Castellón en tres cuartos de campo con el balón controlado. 

Allí esperaban sus dos extremos, los mejores centradores de la plantilla -Mabil y Calatrava-, ambos a pierna cambiada. Esta apuesta le salió perfecta a Plat en el minuto 15. Cala conduce desde el pico del área hacia el centro, abre hacia el australiano, que desborda al suyo con facilidad y le regala el gol a Suero al segundo palo. Empata el Castellón, que pasa a jugar uno de los mejores tramos de la temporada. 

A la media hora, Markanich demuestra a todo el estadio que es un jugador triste. Recibe el balón con espacio en banda derecha, con un solo defensor por delante y mucho tiempo para pensar. Demasiado. Las opciones se le acumulan en la cabeza y la falta de confianza hace el resto. Pierde el balón sin producir nada a favor. Probablemente no sea Nick tan malo como parece pero, o marca pronto, o lo perderemos para siempre. 

Un minuto después, Calatrava da una muestra de ser todo lo contrario: un extremo en plena forma, casi en estado de gracia, que juega con el cerebro reptiliano. Recibe en banda y regatea por instinto, como un animal salvaje. Se va del suyo siempre, fácil, porque sí. Más nos vale haberle puesto una cláusula decente, porque el año que viene jugará Cala en Primera. Salió vivo el Depor de la primera parte, que debió haber terminado con clara ventaja local. 

La segunda parte comenzó con dos goles en diez minutos, uno para cada equipo. A partir de aquí, el encuentro se convirtió en una inexplicable epidemia de resbalones. La mayoría de jugadores parecía jugar en chanclas, porque caían al suelo en situaciones comprometidas, en cualquier lugar del campo. El Castellón renovó la delantera, pero ni Demi, ni Camara, ni Cipenga estuvieron acertados en las pocas ocasiones claras que se generaron en la segunda parte. El Deportivo hizo un triple cambio en el 66 y pasó a dominar el encuentro, sin verdadera ambición por ganarlo. Congeló el partido y dio el punto por bueno. 

El Castellón se planta en la jornada 31 con cinco puntos de ventaja sobre un Eldense que sigue eldenseando. Los dos últimos partidos de la temporada en casa (jornadas 40 y 42) son precisamente contra el Eldense y el Zaragoza, respectivamente. Los deberes habrá que hacerlos a tiempo.  

Pequeña crisis de identidad

El Castellón se plantó por primera vez en Castalia en 2025 con varias novedades en plantilla y algunas incógnitas por resolver. Con Seuntjens y Flakus fuera, las incorporaciones de Camara, Traore y Markanich, y el retorno a la normalidad de Lottin, Dick tenía posibilidades de inaugurar el año con una pequeña revolución. No lo hizo. Las únicas sorpresas estuvieron en defensa, dejando a habituales como Chirino y Willems en el banco. El resto, los mismos cabrones de siempre, que diría Toshack. 

El plan de inicio sí fue distinto, en parte provocado por la propuesta del Córdoba, que salió con la defensa a la altura del medio campo pero, curiosamente, sin llegar a apretar fuerte arriba. Una idea valiente pero mal ejecutada. El Castellón lo leyó bien y jugó más balones en largo que en los últimos dos años. El juego no fue vistoso pero eso era justo lo que el partido pedía. Tampoco hace falta pintar todas las tardes la Capilla Sixtina. 

Van den Belt y Calavera pusieron en varias ocasiones a Suero y De Miguel frente al portero rival, pero el timing del pase casi nunca era bueno y el Castellón caía siempre en fuera de juego. Así hasta el minuto 40, en el que un envío combado, blandito y perfecto del holandés dejó solo a Lottin en el punto de penalti, frente al portero y con el balón botando. Con muchísima calma, el francés controló con el pecho, eligió un lado y marcó el primero. En ese segundo y medio de pausa demostró Lottin ser superior a todos sus rivales por el puesto. 

El Córdoba aprovechó el descanso, ajustó un par de piezas y empezó a presionar con sentido la salida de balón tibia del Castellón. Los locales ayudaron con una de sus habituales desconexiones y la mejor noticia de ese tramo -del 45 al 60- es que el Córdoba solo anotó un gol, de penalti en el 47. 

Gonzalo Pastor salió en el  minuto 60 para ganar la batalla del centro del campo, pero el plan no funcionó. El partido ya había girado y no hubo manera de darle la vuelta. Las imprecisiones de uno y otro lado se sucedían. En ese punto, el partido pedía más orden y Dick metió en el campo a Cipenga. 

Del 80 al 90 el partido estuvo en el alambre. Tras una combinación algo barroca entre Pastor y Mamah, Calavera tuvo una ocasión clarísima muy cerca del área pequeña, que Carlos Marín resolvió con un paradón con la mano abajo. Más alla del minuto 94, con el Córdoba más que satisfecho con el empate, Alberto -que había hecho un partido muy sólido y a punto estuvo de marcar en el 91- cometió un error impropio: regaló una falta junto al corner que Obolskiy venía pidiendo a gritos. Los nervios y la memoria hicieron el resto: dos jugadores visitantes la peinaron dentro del área pequeña y el Córdoba volvió a llevarse el partido en el descuento.

El equipo está viviendo una pequeña crisis de identidad. Los de abajo, eso sí, siguen sin puntuar y el Castellón, a pesar de las 4 derrotas seguidas, sigue 8 puntos por encima del descenso.

Uno a uno, primera vuelta*

Gonzalo Crettaz. Ha llevado hasta el absurdo su capacidad en el uno contra uno. Muy valiente al sacar el balón jugado, especialmente en corto pero también en largo. Rapidísimo para anticiparse al delantero en salidas hasta casi el centro del campo. Fundamental para la idea de Dick. 

Alberto. Personalidad arrolladora, contundencia al borde del reglamento y fe ciega en la idea de juego. En ocasiones entra al trapo a provocaciones del rival y se lleva alguna tarjeta innecesaria. Como dijo Pep sobre Piqué, “si no está él, se nos cae el invento”. Si fuera posible, jugaríamos con tres Albertos atrás. 

Óscar Gil. Defensa central que a menudo ha jugado de mediocentro. Le disputó la titularidad a Alberto mientras estuvo sano. En un equipo con la línea defensiva a una altura suicida, su lento repliegue le condena en muchos duelos. 

Willems. Físico inverosímil para ser central. Cuando ha estado sano, su nivel en defensa y en salida de balón ha sido superior a la categoría. Correcto en la coberturas y las ayudas defensivas. En ocasiones se siente tan bueno que comete errores innecesarios. Divertidísimo de ver. 

Salva Ruiz. Hombre de confianza de Dick. En cuanto ha estado sano se ha apoderado del central izquierdo, aunque se intuye que su rendimiento va en declive. Útil para la rotación pero insuficiente para el día a día de la segunda división. 

Chirino. Lateral futurista. Saca el balón con descaro. Empieza en banda y termina siempre en el centro. Capacidad de conducción y de regatear muy alta. Su exceso de confianza, y quizás el exceso de halagos, le acercan a menudo al fallo. Suele salir en la foto. Su principal valor no reside en lo que es, sino en lo que podría llegar a ser. 

Jozhua Vertrouwd. Sus virtudes no quedan claras, porque ni es súper fiable en defensa ni aporta en exceso en ataque. Su carrera está en ese extraño limbo: grande para el filial, pequeño para la segunda división. Se le adivina potencial pero necesita hacer un erasmus lejos de Castalia.  

Van den Belt. Estudiante que va sobrado pero le da pereza optar al 10. Pide valiente el balón al inicio de la jugada y tiene voluntad de ordenar al equipo. Suele intuir dónde está el pase correcto pero a menudo el compañero no le entiende. Su escasa altura le pasa factura en los duelos físicos. Está triste porque el big data le tiene prohibido usar su mejor arma: el tiro desde la frontal. 

Moyita. Debutante en segunda división a los 32 años. La pide constantemente en la zona de interior, aunque tiende a jugar mucho hacia atrás, de manera previsible. Su posición le hace perder balones comprometidos en cada encuentro. Corto para segunda y largo para la primera federación. 

Calavera. Cumplidor, sin alardes en el centro del campo. Siempre busca el pase fácil sin llegar a conducir o visitar la frontal del área. Algo lento para el altísimo nivel físico de la segunda división. 

Seuntjens. Su rol debía ser el de llenar el agujero sentimental dejado por Medunjanin. Dick le dio cancha y comenzó la temporada llegando con peligro al área y siendo dañino con el pase al borde del área. Se cayó de la alineación a medida que transcurrían las jornadas y no pareció importarle demasiado. Transmite cierta frialdad. 

Villahermosa. El suplente perfecto. Refresca al equipo cuando sale mediadas las segundas partes, aunque no llega a tirar la puerta abajo. Es joven y su aportación ha ido en línea ascendente. Tiene madera de jugador relevante y convendría mantenerlo cerca, por si explota. 

Suero. Jugador zurdísimo con carrera y personalidad extrañas: jugó casi diez años en la segunda alemana y es un mediapunta que elige el dorsal número 4. Máximo goleador sin ser titular indiscutible. Ha trabajado el físico y ya no se rompe cada tres partidos. Su rendimiento crece cuando juega junto a Raúl y Calavera. Produce más que juega. 

Mamah. Aprieta en la presión, baja a defender al córner propio, llega al área rival y centra con peligro. Está en todas partes sin que su físico decaiga. Ha jugado de defensa, centrocampista y delantero. Innegociable para Dick. El jugador más regular de la primera vuelta. 

Gonzalo Pastor. El día del debut salió en el minuto 70, tocó cuatro balones y pareció un jugador diferente, especial, con descaro y visualmente muy plástico. Jugó de la misma manera cuando Dick lo puso en el once y no terminó de funcionar. Es un crío y puede resultar útil en finales de partido. 

Cipenga. Inclasificable. Cada participación suya es como una descarga eléctrica. Muy capaz de regatear a tres rivales en una misma jugada y que la acción termine en saque de puerta. Tiene una confianza altísima en sus posibilidades. Extrañísima su situación en plantilla: no jugó ni un minuto hasta la jornada 17, y desde entonces, es prácticamente indiscutible para Dick.

Calatrava. La gran sorpresa del inicio de temporada. Desparpajo, creatividad y una eficacia salvaje en el regate. Empezó como un tiro (2 goles y 7 asistencias en pocos meses) pero los rivales le cogieron el truco. Su mejor arma, que podría llevarle a primera, es el centro al área y el balón parado. Algo chupón en ocasiones.

Raúl Sánchez. Lo juega todo, ya sea de extremo o de delantero centro. Genera peligro al desmarque y contagia a los compañeros presionando cada salida de balón. Si es necesario, se cruza el campo para sacar de banda colgándola al área. 

Douglas Aurelio. Extremo izquierdo que pasa mejor que regatea. Cuando está motivado tiene descaro, dribling y capacidad para definir. Se esperaba que fuera la estrella del proyecto pero su rendimiento es muy irregular. 

De Miguel. Muy útil para aguantar el balón en salida en largo y desahogar al equipo. Generoso en la presión tras pérdida. Aunque no termina de definir finura, sus rivales por el puesto no mejoran lo que él aporta.  

Flakus. Delantero del montón. Pelea con rabia los pocos minutos que tiene. Dispara rápido y sin complicarse. 

Pere Marco. Delantero centro en construcción, de físico y características sorprendentemente parecidas a las de Peter Crouch. Todavía muy blandito para la segunda división. 

*escrito con la ayuda de Marc García

El Castellón frentre al espejo

Nos ha pasado a todos. Todo el mundo se ha animado a pintar un cuadro, correr una media maratón o escribir unas crónicas de tu equipo de fútbol. Todos nos hemos visto muy guapos con nuestros proyectos personales hasta que los hemos sacado al mundo exterior y los hemos comparado con lo que hay ahí fuera: siempre hay diez mil tíos que pintan mejor que tú, que corren más rápido que tú y que escriben muchísimo mejor que tú. La vida es así, asumámoslo. Algo así le pasó este domingo al Castellón contra el Elche Club de Fútbol. 

Se plantó el Castellón en Castalia con otra pequeña revolución en el once. Dick rajó en la rueda de prensa post-derrota contra el Dépor y fue consecuente con el cabreo: metió a los dos chavales en el once (Pere Marco y Gonzalo Pastor) y dejó en el banco a habituales como Moyita, Seuntjens o Vertrouwd. Cipenga ha hecho clic y se incrusta en el once de manera definitiva. Van den Belt es innegociable y Douglas Aurelio va y viene. Descansó Mamah y el equipo lo notó.  

El Elche puso al Castellón frente a su propio reflejo. Apretó de manera ordenada en cada salida de balón e incomodó las pocas circulaciones de balón que el Castellón pudo hacer más allá del centro del campo. Ahogó al equipo local en todo momento. Fue el primer equipo que ha venido este año a Castalia y ha sacado el balón jugado desde atrás, prácticamente en cada jugada, sin rifarlo. El Elche hizo lo que hace el Castellón domingo tras domingo, eso sí, con mejores jugadores. El resultado fue el que debía: un auténtico baño. 

Nicolás Fernández, un chaval de 24 años que ha jugado en San Lorenzo de Almagro, resolvió el encuentro con dos jugadas antes del descanso. En la primera, condujo con tranquilidad hasta línea de fondo, se metió en el área y tocó donde debía, al punto de penalty para que Morad marcase a placer. En la segunda, en el descuento de la primera parte, colgó un balón parado perfecto al segundo palo, un caramelo que Bigas solo tuvo que empujar con la frente a la red. 0-2 y partido sentenciado. 

La segunda parte solo sirvió para confirmar las rachas de ambos equipos. El Elche, entrenado de manera magnífica por Eder Sarabia, es un aspirante claro al ascenso directo. No sufrió y pudo marcar el tercero en varias contras con peligro. El Castellón confirmó que necesita un descanso. Concluyó el partido con solo un disparo a puerta, flojito, del debutante Ousmane Camara. Varios jugadores han llegado fundidos a diciembre y el equipo necesita un plan B ante equipos que saben jugar a lo mismo que tú, pero mejor. Lottin volvió a tener minutos en casa después de medio año y se hizo dueño del centro del campo, lo cual no debería sorprender demasiado porque el francés es de los mejores jugadores de esta plantilla. A Gonzalo Pastor se le valora el descaro pero necesita tranquilizarse y no jugar siempre para gustar a la grada tocándola al primer toque. 

Veintinueve puntos en veintiuna jornadas. Una primera vuelta excelente para un recién ascendido. De momento, el único riesgo al que deberíamos temer es al de la intrascendencia. 

Poca literatura

Dick agita la alineación de inicio, no queda claro si como toque de atención a jugadores con bajo rendimiento o para dar descanso a gente como Moyita, Seuntjens o Douglas. El caso es que se cuelan en el once el desparpajo de Gonzalo Pastor, el juego entre líneas de Dani Villahermosa y el caos absoluto de Brian Cipenga. 

El partido tiene poca literatura. A los noventa segundos el Castellón ya ha provocado dos buenas paradas de Cunat. En el minuto 13 Kenneth Mamah remata a placer en el segundo palo un buen centro de Villahermosa. Está en todas partes el nigeriano, apretando en defensa y llegando al área. Es imprescindible. En el 15 Suero cabecea en el área pequeña un pase blandito de Van den Belt. Dos a cero y partido resuelto al cuarto de hora. 

El partido sirve para poco a partir de este punto. Dick se permite cambiar por precaución al insustituible Raúl Sánchez en el minuto 25. El Castellón juega por momentos de manera brillante ante, eso sí, el peor equipo de la categoría: en condiciones normales, el efesé habrá descendido a Primera Federación a finales de abril. El clima en Castalia en el descanso refleja la escasa tensión del partido. Italodisco a todo trapo, bocatas de bacon con queso a deshoras y parejitas besándose alegremente en la kisscam. La navidad está cerca y nueve mil personas son felices al mismo tiempo. La vida es muy sencilla en momentos contados. 

Brian Cipenga vuelve a acaparar todo el protagonismo en ataque. Ante cualquier pase en largo, su primer control es casi siempre antológico. Conduce con el balón pegado al pie y desborda al suyo con facilidad. La jugada siempre termina en saque de puerta. El gol de Suero es producto de un buen caracoleo del congoleño en el pico del área. El penúltimo pase es también suyo en el tercero de Pere Marco. En el minuto 70, por fin, Cipenga marca el cuarto gol, de cabeza, lo celebra dando una voltereta y demuestra que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Castalia tiene muchas ganas de enamorarse de Brian Kibambe Cipenga, y resulta evidente que terminará sucediendo.  

Querremos mucho a este muchacho

Después de cuatro partidos sin ganar, metido en tierra de nadie en la clasificación, el Castellón construye una victoria sólida por dos a cero ante un flojo Málaga que solo inquieta a Gonzalo en un par de ocasiones. Dick vuelve a rotar arriba ante el Málaga. Deja en el banco a De Miguel y Seuntjens y mete en el once a Douglas Aurelio y a la gran sorpresa de la tarde: Brian Kibambe Cipenga. Merece la pena detenerse en la actuación del congoleño. 

Cipenga es un verano a veinte de junio: un mar cristalino con infinitas aventuras por vivir. Un regalo sin abrir en la mañana de reyes. Sus primeras tres intervenciones en el partido son buenas: se marcha con facilidad de su par, crea cierto peligro cerca del área y jolgorio en la grada. Las cinco siguientes son malas: pases fáciles entregados al rival, regates que terminan en saque de puerta. En el minuto 9 recibe un balón calcado al que no le pasó Raúl Sánchez en el partido contra el Racing de Ferrol (“Rául, dásela a Cipenga”) y el congoleño no llega a controlar con claridad cuando llegaba perfecto para disparar de primeras. Su protagonismo es absoluto en la primera media hora. El equipo entero lo busca constantemente en la esquina del área. El Castellón juega, de hecho, para Brian Kibambe Cipenga, que por momentos parece abrumado ante semejante atención. Parece sufrir el síndrome Iván de la Peña: quiere resolver el partido en cada intervención. En el 40 hace una jugada de nivel técnico altísimo, controlando con la espuela un envío en largo, llega a línea de fondo y se queda sin centrar al área. En defensa es transparente y siempre parece a punto de cometer penalti. Antes del minuto 70 es sustituido y la grada lo despide con una ovación. Un jugador inclasificable: Brian Cipenga. 

El big data parece informar de que los disparos de fuera del área son poco rentables. No obstante, el primer gol llega desde ahí. A la media hora, Brian Cipenga -quién si no- comete pecado mortal y dispara desde lejos. Es córner. En el saque de esquina, la defensa rechaza el balón y este cae en la frontal, donde controla Van den Belt y comete un segundo pecado mortal: disparar de nuevo desde fuera del área. Es gol. Gol al big data. 

En la segunda parte el Castellón se comporta como un equipo más profesional que en semanas anteriores y congela el marcador controlando con calma la posesión. En el 72 Raúl Sánchez recibe muy suelto en el carril del once y lanza un pase tenso, raso y cruzado al segundo palo, donde Flakus entra como tienen que entrar los delanteros centros: con furia homicida en búsqueda de su primer gol. Y es gol. Lo celebra con rabia levantando los brazos y todos nos alegramos mucho en la grada por David Flakus. 

El foco en los últimos diez minutos es para Gonzalo Pastor, un chaval de la cantera que no mide más de 170 centímetros. Del 80 al 90 toca cuatro balones y salen chispitas de esas botas talla infantil. Si todo va medio normal, en poco tiempo Castalia querrá mucho a este muchacho.

Seguir con la esencia

En el minuto 30 entre el Castellón y el Mirandés, Gonzalo Crettaz ha tocado cuatro balones. El primero de ellos es para regalarle el balón en la frontal del área a Joaquín Penichelli, que marca a placer. Los dos siguientes para sacar dos balones de dentro de la red, después de sendos goles marcados por Penichelli de nuevo -en un fuera de juego mal tirado por la línea defensiva local- y de Izeta -después de un mal rechace de la zaga-. El cuarto balón que toca Gonzalo es un balón despejado a córner, en otra contra del Mirandés. Así se plantó el Castellón a la media hora de encuentro: 0-3 en contra frente a un adversario que venía de marcar trece goles en catorce partidos. Les presentamos a Doña Segunda División española, para quien no la conociera ya. 

El Castellón salió en Castalia a lo de siempre. Defensa de tres y a apretar arriba. A los treinta segundos de partido, el central izquierdo sacaba un centro con rosca en la frontal del área. A eso hemos jugado hasta ahora y a eso jugaremos hasta la jornada 42. Suero ocupaba la posición del nueve y Calavera seguía convenciendo a Dick en el mediocentro, por delante de Moyita. Seuntjens y Douglas han perdido el puesto y les costará volver. 

A partir de la media hora, al Castellón se le presenta un partido nuevo, muy complejo de gestionar. Tiene dos opciones: protegerse para que la cosa no termine en escándalo; o seguir con la esencia, a riesgo de que el resultado se vaya al 1-6. El Castellón decide seguir con lo que le ha traído hasta aquí: balón jugado desde atrás, escaso centro lateral y presión muy alta. En el descuento de la primera parte Calavera es expulsado y el partido se convierte en la típica relación amorosa que no se corta tiempo: todo lo que se alargue solo servirá para hacerse más daño. 

A pesar del resultado al descanso, nueve mil personas se quedan en Castalia a ver qué sucede en la segunda parte. Las sensaciones que transmite este año el equipo son tan extraordinarias que, incluso con un marcador tan adverso, el partido no parece del todo cerrado hasta el minuto 91, momento en el que Flakus tira al muñeco en un uno contra uno frente al portero. Lo que sucede en realidad es que el Mirandés hace todo lo que tiene que hacer un equipo que va ganando por tres goles de diferencia y tiene un jugador más: demorarse en poner en juego cada saque de banda, tirarse al suelo en cada roce al tobillo y salir a la contra en las contadas ocasiones en que otea algo de espacio. Partido de manual fuera de casa de los castellanoleoneses, que siguen arriba, aunque en condiciones normales, en la jornada 40 deberían estar peleando por no perder la categoría.

Una tarde en Burnley

La Segunda División es la Guerra de Vietnam. Debutas en Eibar y recibes al Oviedo. Pierdes contra el Racing y te la juegas en casa del Almería. No te has recuperado de recibir al Levante y ya está aquí el Granada, un equipo que tiene a gente con tropecientos partidos en Primera como Lucas Boyé o Ignasi Miquel. A un cedido por el Real Madrid como Reinier. A Uzuni, que ya sabe lo que es marcar más de veinticinco goles en un año. A Manu Trigueros en el banquillo y a Mariño en la portería. Otro candidato a subir. 

Sin cambios importantes en el once, el plan en defensa es el mismo de siempre. Tres atrás con Alberto haciéndose fuerte a la altura del círculo central, Chirino a un lado y Willems al otro. En ataque se matiza la propuesta. La prioridad sigue siendo el balón jugado desde atrás y las combinaciones en la frontal, pero se buscan más balones en largo y centros laterales. Se afianza Cala por delante de Douglas. Flakus sigue sin convencer a Dick porque este prefiere sacar a Rául Sánchez de posición y plantarlo de delantero centro. El diez hará de nueve mientras De Miguel siga pachucho. 

La primera media hora es igualada. El Castellón tiene la posesión pero el Granada inquieta con salidas rápidas a la contra. En un balón largo al espacio dejado por el lateral, Seuntjens no hace falta para ahorrarse la tarjeta amarilla y su par se marcha solo hacia el área. Pocos segundos después, la jugada termina en gol de Reinier. Del 33 al 35 llegaron los tres minutos de furia de Israel Suero. Primero, para cazar en el área pequeña un buen centro lateral de Willems. Después, con un buen disparo ajustado desde fuera del área, que botó rápido en el césped húmedo -más propio de una tarde en Burnley- y se coló junto al palo. 

Del 45 al 90 se vieron los mejores minutos del Castellón en Castalia en lo que va de temporada. El equipo movió bien el balón de un lado al otro y generó suficientes ocasiones para marcar. Cala flirteó con la asistencia y mandó un balón a la cruceta. Douglas obligó a Mariño a hacer una parada que mañana debería ser portada en el Diario de Granada. Willems jugó a placer en defensa. Es tan bueno Willems que corre el riesgo de cometer errores fruto de su sensación de superioridad. Si sigue a este nivel, a final de temporada habría que regalar un retrato al óleo a quien haya sido capaz de traer a este jugador a Castalia. Por decirlo en términos más técnicos: Jetro Willems es un pepino de jugador. 

En el 90 hubo un barullo en el área del Castellón y el árbitro pitó penalti por mano. Uzuni marcó con tranquilidad lanzando por el centro de la portería y allí terminó todo. La derrota es casi lo de menos porque la imagen en la segunda parte fue magnífica. Tres de seis contra Levante y Granada debería considerarse un buen balance. En el descuento, una situación insólita. El árbitro anunció nueve minutos extra. A los seis minutos pitó el final. 

Se ganó porque sí

El fútbol tiene estas cosas. El Castellón hizo un mal partido en Castalia. Entró desnaturalizado al campo, forzado por un buen equipo que presiona ordenado, que la mueve con calma en el centro del campo, que busca constantemente a uno de los mejores jugadores de la categoría, un Morales que siempre se va de su par con un regate sucio pero efectivo. 

Pero, al contrario que otros días, Rául Sánchez tuvo tres ocasiones y metió dos. Y ahí estuvo el partido, en ese nivel de acierto fuera de toda lógica que condiciona cualquier análisis. El peor partido en casa se resolvió con una victoria cómoda contra uno de los mejores equipos de Segunda. Un Levante que cuenta también con Carlos Álvarez, un mediapunta que juega con el diez a la espalda, que todavía no puede subirse al Dragon Khan, pero que estará jugando competición europea en un par de temporadas a poco que su agente sepa hacer bien su trabajo. 

Dick rotó de inicio, se entiende que en previsión del partido que se debe jugar en cuatro días contra el Granada. Calavera salió en posición de Van den Belt y Villahermosa rondó el falso nueve, dando descanso a Douglas Aurelio. Ninguno brilló ni reclamó a gritos un sitio en el once. Suero salió en la posición de Moyita y tampoco convenció. Es un jugador extraño Israel Suero. Un segundo delantero que juega con el número 4. Suele irrumpir como un trueno cuando sale en el minuto 70 pero se diluye cuando se le da la titularidad. Salió ovacionado a poco de terminar sin haber aportado nada significativo. 

En el 70 volvieron al campo los titulares habituales. Douglas pareció salir enrabietado por su suplencia y en su primera intervención mandó el balón al palo, pero fue un espejismo: no volvió a tocar el balón. Moyita volvió a demostrar que la Segunda le sienta muy bien y Van den Belt dio el pase decisivo del 2-0. Se nota mucho cuando no están. Willems también jugó los noventa minutos y comienza a imponer su lógica: se incrusta en el equipo titular por delante de Vertrouwd. Si todo va como debería, se convertirá en el líder de la defensa y en el mejor jugador de la plantilla al finalizar la temporada. Un jugador superior a la categoría. 

En definitiva, el Castellón de Dick fue menos reconocible que nunca. Se ganó por contundencia arriba, con dos goles en dos descuidos defensivos del rival. Tres puntos imprescindibles porque acercan un poco más al objetivo de la temporada, que todavía no queda claro cuál es. Una victoria inútil, porque ni refuerza el estilo ni premia un esfuerzo defensivo inhumano. Un partido ganado que se compensará con otra derrota inmerecida contra un Mirandés o Cartagena o Racing de Ferrol. Se ganó porque el fútbol tiene a veces estas cosas. La afición hizo la ola a partir del minuto 92. Se ganó porque sí.